La casualidad ha hecho lo suyo.
El deseo de recorrer el continente hasta el Cono Sur lo tenía vivo desde hacía más de cinco años. En ese tiempo había compartido mi casa en diversos momentos con varios amigos peruanos, mexicanos y argentinos que, por casualidad, había conocido. Tenía las ganas, la gente a quien visitar, algo ahorrado, pero ningún plan concreto. Solo buenas intenciones, hasta que a principios de enero de 2011 me encuentro con un amigo médico que me propone salir por tierra a fines de Febrero, para llegar a Buenos Aires antes del 21 de Marzo, donde se había inscrito para estudiar Cine Documental. Con semejante propuesta, el plan estaba listo.
El 26 de febrero a las 5 p.m. tomamos un bus de Pereira a Cali, y de allí, otro la frontera de Ipiales, donde despertamos el siguiente día a las 7 a.m. En el terminal de Ipiales desayunamos un caldo de costilla y tomamos un colectivo que en 10 minutos nos dejó en la frontera del puente Rumichaca.
Siempren ponen a tipos corpulentos en las oficinas de migración; será para dar una imagen poderosa del país. Y así, un grandulón bogotano, de los que casi no hay en Colombia, tueteándome y con una amabilidad impensada, me sellaba el pasaporte.
Luego de ignorar a un ejército improvisado de cambistas, atravesamos a pie el puente Rumichaca y entramos a las oficinas de migración de Ecuador. Allí tuve que confirmar una triste realidad que ya me habían advertido: la policía ecuatoriana no quiere a los colombianos y nos lo hace saber. El que me tocó en ventanilla trató de convencerme de que mi certificado de vacunación no servía y que no podía entrar a su país. Igual que a mi compañero de viaje, quería asustarme tal vez para pedirme plata después. Tras un largo silencio entr ambos, no puse atención a sus muecas y no tuvo de otra que dejarme pasar. Ya estábamos del otro lado. Fuera de Colombia.
Habiendo cursado Historia y Estudios del Desarrollo Regional, me he ganado la vida siendo docente de algunas cátedras y consultor en proyectos de desarrollo social y culura. Me dan vueltas en la cabeza el futuro y la posibilidad de adquirir modos de vida espiritual y materialmente sostenibles. En esa búsqueda, estoy recorriendo Suramérica en bus, dejando que la casualidad, siempre presente, haga su obra.
martes, 17 de mayo de 2011
Una visión de Colombia desde Argentina
Me veo penosamente identificado con Hayden White cuando dice que toda comunicación es fallida y toda visión que pueda uno dar sobre "el mundo"- sea lo que eso signifique- está sesgada por la ideología. Lo que pueda acá decir sobre la "realidad" "colombiana" será no más que un cuento con moraleja, sobre personajes y acontemiemientos estereotipados, formado de mis propios odios y amores. Hecha la salvedad, blindado por ese remordimiento, vamos entonces.
Hace ya diez meses, Agosto 7 de 2010, se posesionó en Colombia un nuevo jefe de Estado, Juan Manuel Santos, tras dos períodos presidenciales -2002-2010- de Álvaro Uribe. Pese a un clima previo de favoritismo del candidato opositor, Antanas Mockus, Santos se impuso ampliamente en segunda vuelta de las elecciones, en nombre del partido y las políticas de su antecesor.
Sin embargo, lo que se percibe desde los medios de comunicación en estos diez meses, es que el nuevo gobierno está implementando la agenda de la oposición. Parecería que esuviéramos ante un gobernante que se hizo elegir como continuador de una ideología reinante de derecha, para actuar bajo los preceptos y reivindicaciones del la izquieda. Habría que ver si existen antecedentes de ésto en América Latina u otros paises. Había que ver antes si ésto es cierto.
Es en los sectores de la Justiciay las Relaciones Internacionales donde se ha comenzado a notar el cambio de agenda. En efecto, Santos ha restablecido relaciones diplomáticas con Venezuela, en un tono de extrema cordialidad (llamó al presidente Chávez "mi nuevo mejor amigo"). Además convino compartir con ese país la presidencia de Unasur, que dejara Néstor Kirchner, nombrando en el cargo a una funcionaria miembra del partido izquierda: Maria Emma Mejía, del Polo Democrático. En el campo de la Justicia, Santos ha dado vía libre a la actuación de la Corte Suprema y la Fiscalía en procesos que involucran gravemente a funcionarios, militares, políticos y empresarios cercanos al gobierno Uribe. Asimismo, ha propuesto una ley de reparación a las víctimas que parte del reconocimiento del "conflicto armado" que ha vivido Colombia en los últimos 30 años.
Este aparente viraje político e ideológico ha desconcertado a casi todos los protagonistas y opinadores de la política nacional. Mientras para la derecha uribista hay una traición que pone en riesgo la victoria de la patria sobre el terrorismo, para la izquierda opositora el gobierno de Santos es un engaño de la clase dirigente para lavarse las manos, salvagardando su poder y legitimidad, ante el desastre humanitario y social que vive Colombia, del que han sido directa responsable y beneficiaria.
Hace ya diez meses, Agosto 7 de 2010, se posesionó en Colombia un nuevo jefe de Estado, Juan Manuel Santos, tras dos períodos presidenciales -2002-2010- de Álvaro Uribe. Pese a un clima previo de favoritismo del candidato opositor, Antanas Mockus, Santos se impuso ampliamente en segunda vuelta de las elecciones, en nombre del partido y las políticas de su antecesor.
Sin embargo, lo que se percibe desde los medios de comunicación en estos diez meses, es que el nuevo gobierno está implementando la agenda de la oposición. Parecería que esuviéramos ante un gobernante que se hizo elegir como continuador de una ideología reinante de derecha, para actuar bajo los preceptos y reivindicaciones del la izquieda. Habría que ver si existen antecedentes de ésto en América Latina u otros paises. Había que ver antes si ésto es cierto.
Es en los sectores de la Justiciay las Relaciones Internacionales donde se ha comenzado a notar el cambio de agenda. En efecto, Santos ha restablecido relaciones diplomáticas con Venezuela, en un tono de extrema cordialidad (llamó al presidente Chávez "mi nuevo mejor amigo"). Además convino compartir con ese país la presidencia de Unasur, que dejara Néstor Kirchner, nombrando en el cargo a una funcionaria miembra del partido izquierda: Maria Emma Mejía, del Polo Democrático. En el campo de la Justicia, Santos ha dado vía libre a la actuación de la Corte Suprema y la Fiscalía en procesos que involucran gravemente a funcionarios, militares, políticos y empresarios cercanos al gobierno Uribe. Asimismo, ha propuesto una ley de reparación a las víctimas que parte del reconocimiento del "conflicto armado" que ha vivido Colombia en los últimos 30 años.
Este aparente viraje político e ideológico ha desconcertado a casi todos los protagonistas y opinadores de la política nacional. Mientras para la derecha uribista hay una traición que pone en riesgo la victoria de la patria sobre el terrorismo, para la izquierda opositora el gobierno de Santos es un engaño de la clase dirigente para lavarse las manos, salvagardando su poder y legitimidad, ante el desastre humanitario y social que vive Colombia, del que han sido directa responsable y beneficiaria.
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